IMCE-ASEDH

Transformar la práctica pedagógica en función a lo que la ciencia y la evidencia vienen aportando al sistema educativo, lleva a los educadores y a las escuelas a compreender  el qué, cómo, cuándo y dónde aprendemos, así como a entender cuál evidencia se ajusta a la necesidad de mejora que identifican en sus aulas y saber cómo ponerla en práctica.

Para ello, es necesario entender que la implementación de nuevas estrategias y programas empieza por cambiar la mentalidad de los actores claves, que son los educadores y los directores de las escuelas, para que juntos vean sus acciones como un proceso no como un evento. Es por ello que uno de los campos de acción fundamental del Proyecto Transformando Escuelas es el campo de la investigación-acción, entendido como un conjunto de estrategias que serán utilizadas para entender el contexto del aprendizaje y la necesidad de mejora. Para Rodriguez (2005)*, se trata de un "proceso reflexivo-activo que vincula dinámicamente la investigación para la generación de conocimiento, la acción transformadora sobre las prácticas educativas asociadas al currículo y la formación del educador, y que requiere para su realización de la implicación colectiva de los actores educativos".

En este sentido, para construir una base sólida donde fundamentar la innovación proponemos algunas acciones específicas en nuestro proyecto que respondan a las siguientes etapas:

  1. Poner el foco: Investigar los nudos críticos que desafían el aprendizaje, los ámbitos y oportunidades de mejora de la práctica según lo que sugieren las evidencias y utilizar la investigación-acción como herramienta básica.
  2. Prender la luz: Definir qué será implementado e identificar la(s) evidencia(s) que mejor se encaja(n) a su necesidad y contexto. Para ello es necesario entender qué tipo de evidencia existe (publicaciones, teorias, casos prácticos, experimentos, metanálisis, análisis de datos, encuestas, etc.), cuánto esfuerzo e inversión requiere, qué tanto se adapta al contexto y necesidad, qué impacto tuvo y qué universo abarca.
  3. Preparar el terreno: Construir una base sólida para la implementación que empieza por la sensibilización de la comunidad educativa y el entrenamiento de los profesores.
  4. Seleccionar las semillas y herramientas: Diseñar un plan y providenciar los recursos.
  5. Sembrar y cultivar: Poner en práctica la implementación, acompañar, aprender y corregir durante el proceso.
  6. Cosechar: Identificar los cambios, los resultados, el impacto y practicar la mejora continua

Otro aspecto esencial en este campo, es la necesidad de crear una red de escuelas que investigan, que practican la innovación basada en la ciencia y que, a partir de los resultados que siembran, puedan informar e influenciar positivamente a otras escuelas y al sistema educativo.

En este sentido, convocamos a las escuelas y principalmente a los centros de educación infantil, a entender el proceso de neurodesarrollo en los primeros años de vida, para actuar de forma más significativa en la vida de los niños y niñas, construyendo experiencias que impacten positivamente en la arquitectura inicial de sus cerebros y en su proceso de desarrollo, poniendo bases sólidas para el proceso de aprendizaje que se dará a lo largo de toda la vida.

Nos interesa esta etapa del ciclo vital por la enorme capacidad plástica del cerebro humano, que permite al ambiente interactuar con factores genéticos y así construir a un individuo. Creemos que cuanto más comprendamos la neuroplasticidad expectante de la experiencia, y dependiente de la experiencia, los entornos familiares y educativos, los patrones de crianza y el perfil de los educadores serán más apropiados para el proceso de desarrollo infantil.

Desde el Child Development Lab IDEA, laboratorio independiente, sin fines de lucro, adscrito a la ASEDH, buscamos fortalecer las investigaciones en el campo de la Neurociencia Educacional, la Ciencia del Aprendizaje y la Ciencia del Desarrollo Infantil Temprano, y para ello, necesitamos un trabajo en conjunto con las escuelas y las familias.

Una de las grandes responsabilidades del Lab IDEA es la traducción de los aportes de la neurociencia a la educación, principalmente en lo que se refiere a la educación infantil, teniendo como meta principal construir, a partir de la evidencia científica, conocimiento útil y herramientas prácticas para la atención, educación e intervención en la primera infancia. Asimismo, tenemos una línea de investigación que involucra la etapa de la adolescencia por su gran importancia en el proceso de desarrollo humano. Nuestros estudios están diseñados principalmente para entender cómo se desarrollan y se fortalecen, a partir del entrenamiento, determinadas habilidades en las seis dimensiones del desarrollo humano: social, emocional, cognitiva, sensorial, física y moral.

En nuestros proyectos de investigación involucramos a los niños, niñas, sus familias y los educadores en juegos, historias, tareas experimentales, entrevistas, situaciones de diálogo e interacción, los cuales permiten participar de los estudios bajo condiciones ambientales e interpersonales muy favorables y emocionalmente adecuadas. Asimismo, nuestro laboratorio ofrece oportunidad a los estudiantes de pre o postgrado de las carreras de psicología, pedagogía, biología, o ciencias afines, que estén interesados en evidenciar los aportes de la neurociencia al desarrollo infantil.

Trabajamos en conjunto y con la orientación de grandes laboratorios de renombre internacional, que son Haskins Laboratories (Estados Unidos), Niilo Mäki Insititute (Finlandia) y del USC Center for Affective Neuroscience, Development, Learning and Education (Estados Unidos).

 

 

 

*Rodríguez Sosa, J. (2005). La investigación acción educativa. ¿Qué es? ¿Cómo se hace?