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¿Hablemos de resiliencia?

Aunque el concepto de resiliencia todavía está sujeto a debates científicos, existe un consenso que define la resiliencia como la capacidad de lograr un resultado exitoso frente a la adversidad. A lo largo del ciclo vital, diferentes situaciones adversas desafían nuestro bienestar y nuestra salud mental, en su mayoría, situaciones que generan un alto nivel de estrés tóxico.

Pero, ¿qué nos hace más o menos resistentes a los estresores? ¿Por qué algunas personas logran desarrollar calma frente al estrés tóxico mientras que a otras esto es simplemente imposible?

La neurociencia hoy viene investigando más de cerca los correlatos biológicos de la resiliencia en el cerebro humano, lo que seguramente nos permitirá entender qué factores nos llevan a ser más resistentes o más susceptibles a las situaciones adversas.  Uno de los puntos centrales en las investigaciones sobre resiliencia se basa en la neuroplasticidad, esta capacidad fenomenal que tiene el cerebro humano de moldearse, adaptarse y cambiar a si mismo.

Las investigaciones muestran que el estrés tóxico es uno de los factores que afecta tanto la resiliencia como la neuroplasticidad, en este caso, de forma  negativa, pues una de las consecuencias es la modificación que sufre el sistema nervioso frente al estrés tóxico, es decir, se notan cambios duraderos en la respuesta de volver a una base de equilibrio debido a un trabajo con poca capacidad compensatoria. Los cambios más notorios se observaron en la amígdala, región vinculada con el procesamiento emocional y el aprendizaje del miedo.

Si el cerebro tiene la capacidad para modificarse frente a las experiencias, tanto positiva como negativamente, necesitamos actuar de forma oportuna.

En este sentido, nos preguntamos ¿qué hacer para desarrollar la resiliencia?

El desarrollo de la resiliencia comienza en la infancia, que increíblemente nace de situaciones que generan un tipo de estrés categorizado como positivo. En pocas palabras, el estrés positivo produce resultados adaptativos, es decir, las experiencias estresantes son factores controlables que aumentarán la resiliencia y la capacidad para adaptarnos a factores estresantes futuros. Estos factores controlables tiene relación directa con la presencia de un adulto que genera apego seguro, las relaciones e interacciones positivas y responsivas, los patrones de crianza responsables y positivos, la posibilidad de aprender y desarrollar habilidades socioemocionales, entre otros. Todo esto permite al niño, o niña, entrenar y aumentar su capacidad de responder de forma exitosa a una situación adversa.

A lo largo de la infancia y adolescencia, las dinámicas familiar y escolar pueden ser un gran aliado del desarrollo de la resiliencia pues tienen el potencial de construir con los niños y adolescentes diferentes habilidades y fortalezas personales, así como de enseñarles estrategias de afrontamiento al estrés, lo que  permitirá el desarrollo de la resiliencia.

Como sabemos, no podemos eliminar todos los estresores de nuestras vidas, aunque estemos adultos y con más capacidades desarrolladas. Por ello, necesitamos aprender y promover acciones que fortalezcan determinadas habilidades como respuestas adaptativas, que nos prepararán para responder de la mejor manera posible a la situación.

Distintas estrategias nos prepararan para enfrentar y responder las situaciones adversas, a la vez que aumentan nuestra capacidad de ser resilientes. Varias investigaciones sugieren que el aumento de la resiliencia puede estar relacionado con:

  • El ejercicio físico, que mejora la capacidad de recuperación, baja los niveles de inflamación al mejorar el sistema inmunológico y promueve la salud mental y física.
  • La meditación tipo Mindfulness, o atención plena, que actúa en la reducción del estrés, en la activación del sistema inmunológico, reclutando mecanismos de neuroplasticidad positiva y mejorando la resiliencia cognitiva al estimular la autorregulación, la flexibilidad cognitiva y la toma de perspectiva.
  • El manejo adecuado de los estresores, al buscar formas de redirigir el comportamiento, los pensamientos y las emociones.
  • La identificación y reducción de la exposición a los factores de riesgo, ya que a mayor exposición, menor es el nivel de resiliencia.

Comprender de una forma más profunda la resiliencia, su relación con diversos factores, como el estrés tóxico o la neuroplasticidad, permitirá ampliar la visión sobre las ventanas de oportunidad que tenemos al frente, así como las limitaciones frente a los desafíos que surgen a lo largo del ciclo vital – como los trastornos mentales en la adolescencia. Lo ideal sería crear mejores recursos para ampliar estas investigaciones que seguramente podrán abrir paso a la creación de nuevas estrategias y el diseño de intervenciones más apropiadas para cada etapa de la vida del ser humano.

Para saber más:

  • Bloss, E. B., Janssen, W. G., McEwen, B. S., & Morrison, J. H. (2010). Interactive effects of stress and aging on structural plasticity in the prefrontal cortex. Journal of Neuroscience, 30(19), 6726–6731. https://doi.org/10.1523/jneurosci.0759-10.2010
  • Davidson, R. J., & McEwen, B. S. (2012). Social influences on neuroplasticity: Stress and interventions to promote well-being. Nature Neuroscience, 15(5), 689–695. doi:10.1038/nn.3093
  • Ding, Q., Vaynman, S., Souda, P., Whitelegge, J. P., & Gomez-Pinilla, F. (2006). Exercise affects energy metabolism and neural plasticity-related proteins in the hippocampus as revealed by proteomic analysis. European Journal of Neuroscience, 24(5), 1265–1276. doi:10.1111/j.1460- 9568.2006.05026.x
  • Goldhagen, B. E., Kingsolver, K., Stinnett, S. S., & Rosdahl, J. A. (2015). Stress and burnout in residents: impact of mindfulness-based resilience training. Advances in medical education and practice6, 525–532. https://doi.org/10.2147/AMEP.S88580
  • Pidgeon, A. M., & Keye, M. (2014). Relationship between resilience, mindfulness, and pyschological well-being in university students. International Journal of Liberal Arts and Social Science2(5), 27-32. http://www.ijlass.org/data/frontImages/gallery/Vol._2_No._5/3.pdf
  • Russo, S., Murrough, J., Han, MH. et al. Neurobiology of resilience. Nat Neurosci 15, 1475–1484 (2012). https://doi.org/10.1038/nn.3234

Anna Lucia Campos

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